A.·. L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.
AA.·. LL.·. y AA.·. MM.·.

GRAN LOGIA EQUINOCCIAL DEL ECUADOR

R.·.L.·.S.·. NUEVA AMERICA No. 22

 
INFORMACION GENERAL
GRADOS SIMBOLICOS
INFORMACION LOGIAL

 

 

Ven.·.Maes.·.
QQ.·.HH.·.

TEMA:                  ¿La Mas.·. es o no Atea, si – no, porque?
                               ¿Mas.·. Elite o Elitista, si – no, porque?


Todas las Obediencias masónicas se muestran en general conformes con que la Orden tenga por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad. Según el modelo masónico en el que se inscriban, algunas se fundamentaran en la creencia en un Ser Supremo (DEÍSTAS), en Dios y en la inmortalidad del alma (TEÍSTAS) o que tiene por objeto la fidelidad a una determinada doctrina religiosa (DOCTRINARIAS). 

En primer lugar, se hace necesario observar y diferenciar dos términos: espiritualidad y libertad de conciencia. Se trata de dos términos que se establecen entre sí una relación de conjunto inclusive, pues en el espacio filosófico, el mundo de lo que llamamos espiritual incluye una extensa variedad de estrategias y respuestas, algunas de las cuales pueden o no dar lugar a doctrinas religiosas. Sin embargo, no todas las formas de búsqueda filosófica derivan en el concepto de una trascendencia espiritual. 

En relación a todo ello, se puede hablar de un primer modelo masónico que considera que, en el camino del conocimiento de sí mismo y de la verdad filosófica, no deben establecerse límites a la conciencia del masón, respetando tanto las estrategias fundamentadas en una concepción espiritualista como las que se basan en la utilización exclusiva de la razón. El principio que mejor sirve al objetivo de la búsqueda filosófica es, por tanto, aquél que pugna la libertad absoluta de conciencia. Al rechazar establecerse sobre ningún dogma previo, tienen en él cabida todas las concepciones, incluso las más extremas (las teístas y las ateas) con la condición de que acepten como válido el marco de la libertad absoluta de conciencia que pugna dicho modelo.
Es muy importante subrayar que cuando una Obediencia del modelo adogmático declara admitir en su seno a los ateos, no está ella misma como organización haciendo ninguna declaración de ateísmo, sino de respeto y valoración moral hacia todas las fórmulas de estudio de la realidad.

En el extremo opuesto encontramos el modelo doctrinario que, poniendo como centro de la búsqueda de la verdad una doctrina religiosa específica, define las demás concepciones como imperfectas o erróneas y, por supuesto, mucho más si éstas se basan en una estrategia puramente racionalista. 

Este tipo de masonería se configura como un modelo dogmático que en sus versiones más abiertas mantiene una posición respecto a otras doctrinas religiosas afines, - por ejemplo validando las distintas corrientes cristianas -  configurado como un espacio lineal en el que la búsqueda de la verdad siendo sólo posible a través de la asunción de un fideísmo religioso El modelo intermedio, de concepción deísta, tiene como elemento clave el de la tolerancia religiosa. Dicho modelo establece como punto central de su estrategia la creencia en un Ser Supremo con el título simbólico de Gran Arquitecto del Universo.

El modelo deísta no excluye desde luego el uso de la razón, aunque si le impone un límite, exigiendo a sus miembros la aceptación explícita de un principio trascendental o espiritual en su búsqueda filosófica. Las estrategias exclusivamente racionalistas y, por supuesto, la de aquellos que se consideran ateos quedan excluidas del marco establecido por este modelo.

Al contrario que en el caso de la Masonería adogmática, no hablamos aquí ya sólo del establecimiento de un marco organizativo sino también de un posicionamiento doctrinario que exige la creencia en un principio espiritual y rechaza toda corriente materialista como vía para la búsqueda de la verdad.
Finalmente, llego a plantear dos conclusiones.

En el marco masónico, en el que la búsqueda de la verdad (en su acepción filosófica) puede expresarse de una manera más amplia, dando cabida tanto a las respuestas espirituales o religiosas; como también a las exclusivamente racionalistas o materialistas. Este es el principio de libertad absoluta de conciencia. El problema respecto a la relación entre los distintos modelos, se presenta cuando alguno intenta imperar haciendo de su propio marco de configuración, un modelo de exigencia para  todos los demás y estableciendo hacia todos aquellos que se configuran bajo premisas distintas, afectando gravemente a los principios masónicos de libertad, tolerancia y fraternidad.

Los creyentes creen que sin religión no hay valores. Pues se equivocan, pretenden adueñarse de los valores como si estos no pudieran surgir de donde surgen realmente, de perspectivas humanas consensuadas a veces y a veces no. El valor no tiene origen divino y trascendente, es humano y problemático, como todo, y no está mal que así sea. Muchas personas siguen con la tradición religiosa porque no quieren bancarse la dificultad de confrontar consigo mismos y con los demás, pero no creen realmente en dios, es por ello, que hoy en día hay muchos ateos que no saben o no aceptan que lo son. El sentido está en la sensibilidad misma, en el deseo, en el cuerpo, cuyo refinamiento sensual le corresponde el nombre de espiritualidad sin que haya que recurrir a ninguna inmaterialidad innecesaria. Y no por eso somos inmorales o poco constructivos masónica y socialmente, tal vez justo lo contrario. Se debe respetar a los creyentes, deístas, teístas; al igual que los ateos, cosa que no sucede del todo en el mundo profano.

Francisco Dávalos

Ap.·. M.·.

 

 

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