A.·. L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.
AA.·. LL.·. y AA.·. MM.·.

GRAN LOGIA EQUINOCCIAL DEL ECUADOR

R.·.L.·.S.·. NUEVA AMERICA No. 22

 
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A:. L:. G:. D:. G:.A:. D:. U:.

G:. L:. E:. D:. E:.

R:. L:. S:. Nueva América No. 22

 

“EL ALMA”.

 

DEFINICIÓN.-

El término “alma” proviene del latín “anima”; se refiere a una sustancia activa, simple, espiritual e inmortal, dotada de las facultades de entender, querer y sentir, que informa al cuerpo humano y constituye unida a él la esencia del hombre. El alma es la unidad orgánica y dinámica de funciones mentales y estados de conciencia. Es el principio sensitivo que da vida e instinto a los animales y vegetales, que nutre y acrecienta las plantas. En sí es la sustancia o parte principal de cualquier cosa.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA Y FILOSÓFICA DEL CONCEPTO “ALMA”.-

El concepto de alma ha variado a lo largo de los tiempos. Entre las concepciones primitivas destacan las que consideran  el alma como un aliento o respiración; como un fuego, o como una sombra.
En las dos primeras concepciones se puede hablar del alma como “principio de vida”, mientras que en la última es vista más bien como un “simulacro”. En Grecia, en el terreno de las creencias religiosas populares, conviven estas representaciones primitivas con algunas nuevas:

1) la del alma como una sombra del muerto  (el viaje de Ulises al Hades);

2) la del alma como fuerzas alrededor de los vivos;

3) la concepción órfica, fuertemente influida por doctrinas orientales: el cuerpo es el sepulcro del alma; esta es una realidad d orden divino, que preexiste y sobrevive a la existencia humana: el alma vive “desterrada”  en la cárcel del cuerpo; su naturaleza es inmaterial; el hombre mediante la purificación y la contemplación, debe liberar definitivamente su alma.

Este conjunto de creencias y doctrinas influyó en las concepciones filosóficas griegas. Entre los presocráticos algunos entendieron por alma los “principios” de las cosas”; para los atomistas el alma está compuesta de átomos; Pitágoras y Empedocles adoptaron el orfismo; con Platón el problema del alma adquiere un lugar central en la especulación filosófica. Consideraciones de orden psicológico y metafísico enriquecen y  afinan la cuestión.

En el Fedón, Platón concibe un dualismo: el alma es inmortal, proviene del mundo de las ideas (de ahí la posibilidad de la reminiscencia).
Todo dualismo en este terreno entraña un problema: el de la comunicación entre cuerpo y alma. Platón no escapó a la serie de problemas, tanto metafísicos como epistemológicos. Los neoplatónicos desarrollaron la dialéctica platónica del alma (el alma residente en lo sensible puede ascender hacia lo inteligible).

En Plotino se mezclan algunos elementos aristotélicos: el alma tiene una parte inseparable (inferior) y otra separable (superior). Plotino se refiere unas veces al alma individual, otras al alma universal (Alma del Mundo). La organización jerárquica culmina en el único.

Con Aristóteles la doctrina sobre el alma adquiere gran complejidad; junto a la concepción “biológica” del alma; ésta no es solo lo inteligible que predomina sobre lo sensible, sino algo inmanente a las sustancias, su propia forma; otras veces el alma es considerada por el Estagirita como un principio general de vida.

El período comprendido entre el aristotelismo y el cristianismo (escuelas epicúrea, estoica, platónica, neoplatónica, aristotélica) sigue interesado profundamente en las cuestiones referentes a la naturaleza y existencia del alma y a sus relaciones con el cuerpo y el cosmos.
El cristianismo, fuertemente influido de platonismo y neoplatonismo, tiende, sin embargo, a una espiritualización y a una personalización cada vez más acentuadas del alma. Las doctrinas más profundas y vigorosas al respecto se hallan en las grandes figuras de San agustín y Santo Tomás de Aquino: para aquél es el alma, sobre todo, pensamiento e intimidad personal; para éste apropiándose en gran parte el pensamiento aristotélico, el alma es “acto” y “todas las cosas”; distingue entre alma vegetativa, animal y humana; distingue entre anima (principio vital) y animus  (entendimiento).

Para el cristianismo el alma ha sido creada de la nada por Dios y su esencia es la inmortalidad; su fin último es la salvación eterna y la contemplación de Dios. El racionalismo señala una nueva perspectiva en el concepto que nos ocupa: el de la subjetividad.  Ello significa, como dice Ferrater y Mora que: “el mundo está en el alma”. Antes de adentrarnos en esta concepción idealista será preciso mencionar el dualismo cartesiano (sustancia espiritual y sustancia externa) que conduce a la serie de concepciones invariables, reminiscencia secular entre materialismo y espiritualismo: Malebranche con su ocasionalismo, Spinoza con su monismo (la razón es a la vez naturaleza), Leibniz con su monadología.

Para Kant el alma es lo noumenal, incognoscible por la razón teórica; sólo hay conocimiento de lo fenoménico, y de ahí que el alma se nos aparezca como simple fenómeno; sólo en el terreno de la “razón práctica” es alcanzable un “conocimiento” del alma.

Para los empiristas (Hume, Mille, etc.) el alma es la “personalidad psicológica de cada uno”.
Según el idealismo alemán de Fichte y Schelling, el alma es el todo como espíritu: Hegel concibe el alma como el primer grado del desarrollo del Espíritu absoluto, siendo éste, a su vez, el pensamiento que vuelve sobre sí mismo.
Para el marxismo (Marx, Engels, Lenin) el pensamiento (y el cerebro) no son más que nuevas propiedades de la materia, pero, en las determinaciones del proceso dialéctico, propiedades “cualitativamente distintas”.

Un rasgo que debe señalarse como propio de muchas de las concepciones contemporáneas es que tienden cada vez más a considerar el alma como conciencia,
como conjunto de capacidades o posibilidades, frente a las concepciones tradicionales que concebían el alma como “sustancia”.

En las corrientes modernas del catolicismo sin abandonar por ello el principio de la inmortalidad del alma, se tiende a practicar el dualismo psicofísico, que en ciertos momentos ha prevalecido.

En las Constituciones del Concilio Vaticano II se habrá de la unidad del cuerpo y del alma; del aprecio al cuerpo (“síntesis del universo material”), que debe ser amado y honrado por el hombre”como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día”.

EL ALMA COMO PRINCIPIO VITAL.-

Platón afirma que existen tres principios vitales humanos: vegetativo, sensitivo e intelectivo.

Algunos fisiólogos modernos admiten dos principios en el hombre: el principio vegetativo–sensitivo y el intelectivo. Ellos encuentran diferencia entre procesos intelectuales y físico–químicos. Oposición entre la sensibilidad y las aspiraciones superiores. Inconsciencia de los fenómenos de vida orgánica.

El alma racional es una fuerza de orden superior. Ahora bien, si el alma es capaz de lo más, de producir en nosotros efectos espirituales, de dirigir la intelectualidad del hombre; ¿porqué no puede ser capaz de los menos, de dirigir  las funciones sensitivas del hombre?

La oposición entre la sensibilidad y las  aspiraciones superiores, se puede explicar admitiendo en el último principio, en la última alma, potencias, facultades distintas. Además, si los principios son distintos, si en nosotros existen dos almas, el alma intelectiva no sería afectada por el alma sensitiva, seguiría cada uno su camino sin influenciarse, mientras nosotros sentimos la lucha interior entre la sensibilidad y la intelectualidad.

Por lo que respecta a la inconsciencia, ésta también la encontraremos en los fenómenos intelectivos, racionales, no sólo en la animalidad (como llegamos a tener los pensamientos).

Hay evidente repercusión de los fenómenos sensitivos e intelectivos. Hay entre ellos una intercomunicación directa, una influencia reciproca.

 

 

CONCLUSIONES.-

El alma ha sido estudiada según el tiempo y las distintas creencias que sobre el tema se han suscitado en su constante devenir. Quizá algunos crean que el alma es aquel “soplo divino” que Jehová le dio a Adán y que él nos heredó como primer hombre, mientras que otros pensaremos que el alma no es más que la esencia misma que nutre a nuestros cuerpos materiales de vida, pensamiento, movimiento y hasta conciencia.

Lo que debemos tomar en cuenta es que si creemos en lo uno o en lo otro, como masones debemos respetar las creencias ajenas, la Orden Masónica es una escuela filosófica ecléctica, es decir conciliadora, y lo que busca es a través de esa conciliación de creencias encontrar la verdad.

Pero no debemos olvidar  que la Masonería a la vez que  pregoniza la tolerancia, también lo hace con el anti-dogmatismo. La pregunta  que flota en el aire de la masonería moderna es si debemos tomar las disposiciones dadas en los Antiguos e “Inmutables” Linderos como dogmas masónicos? Desde mi punto de vista NO ya que con un estudio profundo de lo que establecen tales linderos (como lo hemos hecho en Cámara de Instrucción) nos daremos cuenta de que tienen su razón de ser dentro de la Orden,  con excepciones muy concretas, como por ejemplo las disposiciones sobre los cojos y mutilados y el tema tan analizado sobre las mujeres “masonas”

Expongo estas perceptivas muy subjetivas sobre este tema, porque dentro de los Antiguos Linderos de la Francmasonería, específicamente el Lindero 20 dispone en “la creencia en la inmortalidad del alma”. El Manual de aprendiz masón de Jorge Butler y Eduardo Mendoza indica que este lindero se refiere a “la creencia en un Principio Generador, ineludible”, y que implica la “existencia de una vida futura”.

Esto quiere decir que como masones estamos obligados a la creencia de una vida futura, ya sea el paraíso prometido en las distintas religiones, o el retorno al cosmos, a la energía creadora. Ahora bien, algunos hermanos hemos de  discrepar justificadamente sobre la existencia de una vida extra-terrenal,  algunos dirán que la muerte material o física es la culminación total de toda existencia, mientras que otros refutarán diciendo que la muerte material es el comienzo de la existencia misma de todas las cosas, porque es la liberación de lo espiritual sobre lo material. Todo esto fundamentado en nuestra propia y subjetiva creencia de lo que es el Principio Creador o Gran Arquitecto del Universo.

Es mi palabra.

Andrés Toscano Hernández.
A:.M

 

 

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