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GRAN LOGIA EQUINOCCIAL DEL ECUADOR

R.·.L.·.S.·. NUEVA AMERICA No. 22

 
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EL NEOPLATONISMO

El neoplatonismo es un sistema filosófico que nació en la Alejandría del siglo III, y que fue enseñado en diferentes escuelas hasta el siglo VI. Es la última manifestación del platonismo antiguo, y constituye una síntesis de elementos muy distintos, con aportes de las doctrinas filosóficas de Pitágoras, Aristóteles, Zenón y, sobre todo, Platón, unidas a las aspiraciones místicas de origen hindú y judío.

Desarrollo histórico

El fundador de la doctrina parece haber sido Amonio Saccas. Plotino, su representante más importante, permaneció once años junto a él antes de profesar su doctrina en Roma a partir de 244. Su discípulo Porfirio redactó sus lecciones y las publicó, reunidas en seis Enéadas, y tomó la dirección de la escuela a fines del s.III. Jámblico, que había sido el editor de Porfirio en Roma, fundó la escuela de Siria y enseñó en Apamea. Uno de sus discípulos, Edesio de Capadocia, fundó la escuela de Pérgamo.

La tradición filosófica del neoplatonismo se mantuvo en el s. V; fue enseñada a partir del 400 en la escuela de Atenas, por Plutarco de Atenas, uno de cuyos sucesores fue Proclo.

La escuela de Atenas fue clausurada en 529 por un edicto de Justiniano I; el diádoco Damascio y Simplicio de Cilicia se refugiaron en Persia. La escuela de Alejandría, que después de la muerte de Hipatia (415), se había alejado del neoplatonismo y que, en el s. VI, había incluso llegado a ser un foco de resistencia a las doctrinas neoplatónicas, subsistió. Es reseñable como neoplatónico Sinesio de Cirene, del que nos han quedado como fuentes indirectas de la figura de su maestra Hipatia las cartas dirigidas a ella, así como otros manuscritos.

Concepción filosófica

Según los neoplatónicos, el principio de todo lo existente es la unidad absoluta, lo Uno, realidad suprema, de la que surgen todas las demás realidades por emanación. El primer ser emanado del Uno es el Logos, llamado también Verbo, Inteligencia, que contiene las ideas de las cosas posibles. Después, la Inteligencia engendra el Alma, principio del movimiento y de la materia. El Uno, la Inteligencia y el Alma son las tres hipóstasis de la Trinidad neoplatónica. El ser engendrado se esfuerza en ascender hacia la perfección de que emana. Todo viene del Bien y tiende hacia el Bien. Para que el Alma se una al primer principio es preciso que supere el pensamiento y que, por el éxtasis, se confunda con Dios y pierda toda consciencia de sí misma. Plotino estaba convencido de haber llegado, dos o tres veces en su vida, a esta unión íntima con la más alta hipóstasis.

El Neoplatonismo es un sistema de filosofía idealista y espiritualista tendiente al misticismo. Floreció en el mundo pagano de Grecia y Roma durante los primeros siglos de la era cristiana. Es de interés e importancia, no sólo porque es el último intento del pensamiento griego por rehabilitarse a sí mismo y restablecer su vitalidad exhausta mediante el recurso a las ideas religiosas orientales, sino también porque definitivamente entró en servicio del politeísmo pagano y fue usado como arma contra el cristianismo. Su nombre se deriva del hecho de que sus principales representantes obtuvieron su inspiración de las doctrinas de Platón, a pesar de que es bien conocido que varios de los tratados en que ellos se basaron no son obras genuinas de Platón. El neoplatonismo se originó en Egipto, esta circunstancia, por sí misma, indicaría que, no obstante el sistema haya sido un producto característico del espíritu helenista, fue ampliamente influenciado por los ideales religiosos y las tendencias místicas del pensamiento oriental.

Para entender el sistema neoplatónico, así como también entender la actitud del cristianismo hacia él, es necesario explicar la doble finalidad que movió a sus fundadores.

Por un lado, el pensamiento filosófico del mundo helénico había probado ser inadecuado para la tarea de la regeneración moral y religiosa. El estoicismo, epicureismo, eclecticismo y aún el escepticismo se habían fijado, cada uno, la tarea de hacer felices a los hombres y, cada uno a su turno había fallado. Entonces surgió la convicción de que el idealismo de Platón y las fuerzas religiosas del Oriente podrían unirse bien, en un movimiento filosófico que daría definición, homogeneidad y unidad a todos los esfuerzos del mundo pagano por rescatarse a sí mismo de la ruina que lo amenazaba.

De otro lado, la fortaleza y, desde el punto de vista pagano, la agresividad del cristianismo, comenzaban a desarrollarse. Llegó a ser necesario, en el mundo intelectual, imponerse a los cristianos, mostrando que el paganismo no estaba totalmente en bancarrota y, en el mundo político, rehabilitar el politeísmo oficial del Estado proporcionando una interpretación de él, que debería ser aceptable en el ámbito de la filosofía. El estoicismo especulativo había reducido los dioses a personificaciones de fuerzas naturales; Aristóteles había negado definitivamente su existencia; Platón se había reído de ellos. Era momento, además, de que el creciente prestigio del cristianismo debiera ser opacado por una filosofía que, invocando la autoridad de Platón, a quien los cristianos reverenciaban, no sólo mantuviera a los dioses, sino que hiciera de ellos parte esencial de un sistema filosófico. Este fue el origen del neoplatonismo.

Sin embargo, se debe añadir que, en tanto la filosofía que surgía de estas fuentes era platónica, no desdeñaba el apropiarse de elementos del aristotelismo y aun del epicureismo, articulándose en un sistema sincrético.

Fueron sus principales exponentes: Ammonio Saccas, Plotino, Porfirio, Jámblico, de los cuales el más importante por haber sistematizado la filosofía neoplatónica, fue Plotino, de quien hablaré en detalle continuación.

Plotino

Plotino, nacido en Licópolis de Egipto, vivió del 205 al 270, fue el primer filósofo sistemático de la escuela. Cuando tenía 28 años fue llevado por un amigo a escuchar a Amonio y, desde entonces, durante once años, continuó asistiendo con provecho a las lecciones del estibador. Al final del primer discurso que había escuchado, exclamó: “Éste es el hombre que estaba buscando”. En el 242 acompañó al emperador Gordiano a Mesopotamia, pretendiendo ir a Persia. En el 244 fue a Roma, donde, durante diez años, enseñó Filosofía, contándose entre sus oyentes y admiradores al Emperador Galiano y su esposa Solonia. En el 263 se retiró a Campania con algunos discípulos, incluyendo Porfirio, y allá murió en el 270. Sus obras, consistentes en cincuenta y cuatro tratados, fueron editadas por Porfirio en seis grupos de nueve. Por esto son conocidas como las Enéadas. Las Enéadas fueron primero publicadas en una traducción latina por Marsilio Ficino (Florencia, 1492); entre las mejores las ediciones recientes están la de Breuzer y Moser (Oxford, 1855) y la de Kirchoff (Leipzig, 1856). Partes de las Enéadas han sido traducidas al inglés por Taylor (Londres, 1787-1817).

El punto de partida de Plotino es el de un idealista. Enfrenta lo que considera la paradoja del materialismo, es decir, la afirmación de que sólo existe la materia, con una enfática aserción de la existencia del espíritu. Si el alma es espíritu, se sigue que no puede haberse originado del cuerpo ni de un agregado de cuerpos. La verdadera fuente de la realidad está sobre nosotros y no debajo. Esa fuente es el Uno, el Absoluto, el Infinito. Es Dios. Dios excede todas las categorías del pensamiento finito. No es correcto decir que Él es un Ser o una Mente. Es el Super-Ser, la Super-Mente. Los únicos atributos que le pueden ser aplicados propiamente son Bien y Uno. Si Dios fuera solamente Uno, debería permanecer en su unidad indiferenciada por siempre, y no sería nada sino Dios. El es, sin embargo Bien y, la bondad como la luz, tiende a difundirse por sí misma. Del Uno emana en primer lugar el Intelecto (Nous), que es la imagen del Uno. Y es al mismo tiempo un derivado parcialmente diferenciado, porque es el mundo de las ideas, en el que están los múltiples arquetipos de las cosas. Del intelecto emana una imagen en la que hay una tendencia a la diferenciación dinámica, es llamada el Mundo-Alma, es el lugar donde residen las de fuerzas, como el Intelecto es el lugar donde residen las ideas. Del Mundo-Alma emanan las fuerzas (una de ellas es el alma humana), éstas, por una serie de sucesivas degradaciones hacia la nada llegan a ser finalmente materia, lo no-existente, la antítesis de Dios, la creación. Todo este proceso es llamado emanación o flujo. Es descrito en lenguaje figurativo, y su valor filosófico preciso no está determinado. De modo similar el Uno, Dios, se describe como luz, y la materia se dice que es oscuridad. La materia es, de hecho, para Plotino, esencialmente lo opuesto al Bien; es el mal y la fuente del mal. Es irrealidad y, donde está presente, hay no sólo una falta de bondad sino también una falta de realidad. Dios es el único que está libre de materia; tan sólo Él es Luz; sólo Él es plenamente real. Por doquier hay parcial diferenciación, parcial oscuridad, parcial irrealidad; en el intelecto, en el Mundo-Alma, en las Almas, en el universo material. Dios, lo real, lo espiritual, es además contrastado con el mundo, lo irreal, lo material. Dios es noumeno, todo lo demás es apariencia o fenómeno.

El hombre, estando compuesto de cuerpo y alma, es parcialmente como Dios, espiritual y, parcialmente como la materia, lo opuesto a lo espiritual. Es su deber intentar retornar a Dios eliminando de su ser, sus pensamientos y sus acciones, todo lo que es material y tiende a separarlo de Dios. El alma viene de Dios. Existe antes de su unión con el cuerpo; su sobrevivencia después de la muerte es difícil de probar. Retornará a Dios por medio del conocimiento, porque lo que la separa de Dios es la materia y las condiciones materiales, que son sólo ilusiones o apariencias engañosas. El primer paso, en el retorno del alma a Dios es el acto por el que el alma, saliendo del mundo sensorial por un proceso de purificación (catarsis), se libera por sí misma de la trama de la materia. Luego, habiéndose retirado dentro de sí misma, el alma contempla en sí el Intelecto interior. De la contemplación del Intelecto interior, alcanza la contemplación del Intelecto superior y, desde éste llega a la contemplación del Uno. No puede, sin embargo acceder a la última etapa sino por revelación, que es un acto libre de Dios, Quien, esparce a Su alrededor la luz de su propia grandeza, enviando hacia el alma del filósofo y santo una especial luz que lo capacita para ver a Dios en sí mismo. Esta intuición del Uno llena de tal modo el alma que excluye toda conciencia y sentimiento, reduce la mente a un estado de absoluta pasividad, y hace posible la unión del hombre con Dios. El éxtasis (ektasis) por el que esta unión se alcanza es la felicidad suprema del hombre, el fin de todo su comportamiento, la culminación de su destino. Es una felicidad que no recibe incremento porque el tiempo se prolongue. Una vez que el filósofo-santo la ha logrado, éste queda confirmado, por así decir, en gracia. De aquí en adelante para siempre, él es un ser espiritual, un hombre de Dios, un profeta y hacedor de maravillas. Comanda todas las potencias de la naturaleza, y aun doblega, según su voluntad, a los mismos demonios. Ve el futuro y, en cierto sentido comparte tanto la visión, como la vida de Dios.

En suma, la importancia de Plotino está en su “panteísmo”, ya que el “uno” crea el mundo por “emanación” y no como se dijo que es en la tradición cristiana, por “creación”. Su oposición a lo material, es una de las manifestaciones en su pensamiento. 

Influencia del Neoplatonismo

Los pensadores cristianos, casi desde el principio de la especulación cristiana, encontraron en el espiritualismo de Platón una poderosa ayuda para defender y mantener una concepción del alma humana que el materialismo pagano rechazaba, pero que la iglesia cristiana aceptaba irrevocablemente. Todas las primeras refutaciones del materialismo psicológico son platónicas. Así también, cuando las ideas de Plotino comenzaron a prevalecer, los escritores cristianos aprovecharon del respaldo prestado por la doctrina de que hay un mundo espiritual más real que el mundo de la materia. Después, hubo filósofos cristianos, como Nemesio (que tuvo su auge hacia el 450), quien asumió el entero sistema del neoplatonismo de manera que fuera considerado consonante con el dogma cristiano. Lo mismo puede ser dicho de Sinesio (Obispo de Ptolemaica, c.41), excepto que él, habiendo sido pagano, aún después de su conversión, no abandonó la idea de que el neoplatonismo tuvo valor como una fuerza que unificó los diversos factores de la cultura pagana. Al mismo tiempo hubo elementos en el neoplatonismo a los que recurrieron con fuerza los herejes, especialmente los Gnósticos, y estos elementos fueron más o menos fuertemente acentuados en las doctrinas heréticas: así San Agustín, que conoció los escritos de Plotino según una traducción latina, se vio obligado a excluir de su interpretación del platonismo varios de los postulados que caracterizaron a la escuela neoplatónica. De este modo, llegó a profesar un platonismo que, en varios aspectos está más cerca de la doctrina de los diálogos de Platón que de la filosofía de Plotino y Proclo.

El escritor cristiano cuyo neoplatonismo tuvo más amplia influencia en la posteridad, y que además reprodujo con mayor convicción las doctrinas de la escuela, es el Pseudo-Dionisio. Las obras “De divinis nominibus”, “De hierachia coelesti”, etc., se admite ahora que fueron escritas el final del siglo quinto, o durante las primeras décadas del siglo sexto. Provienen de la pluma de un cristiano platónico, un discípulo de Proclo, probablemente un alumno inmediato de este profesor, como queda claro por el hecho de que él incorpora, no sólo las ideas de Proclo, sino además largos pasajes de sus escritos. El autor, ya sea intencionalmente de su parte, o por algún error de parte de sus lectores, fue identificado con Dionisio, quien es mencionado en los Hechos de los Apóstoles como convertido por San Pablo. Posteriormente, en especial en Francia, fue además identificado con Dionisio el primer obispo de París. Ocurrió entonces que las obras del Pseudo-Aereopagita, después de haber sido usadas en Oriente, primero por los monofisitas y luego por los católicos, llegaron a ser conocidas en Occidente y ejercieron una amplia influencia a través de toda la edad media. Fueron traducidas al latín por Juan Escoto Eriúgena hacia la mitad del siglo noveno y, en esta forma fueron estudiadas y comentadas, no sólo por escritores místicos, tales como los Victorinos, sino también por típicos representantes de la escolástica como Santo Tomás de Aquino.

Ninguno de los escolásticos posteriores, sin embargo, adoptó en su total dimensión la metafísica del Pseudo-Aeropagita en sus principios esenciales, como lo hizo Juan Escoto Eriúgena en su “De divisione naturae”.

Después de la supresión de la escuela de filosofía de Atenas por Justiniano en el 529, los representantes del neoplatonismo fueron, según se ha visto, a Persia. No permanecieron por mucho tiempo en ese país. Otro éxodo, tuvo consecuencias más permanentes. Un número de griegos neoplatónicos asentados en Siria llevaron consigo las obras de Platón y Aristóteles, que fueron traducidas al siríaco y después al árabe, hebreo y latín y así, hacia la mitad del siglo doce comenzaron a reingresar a la Europa cristiana a través de la España morisca. Estas traducciones estuvieron acompañadas de comentarios que continuaron la tradición neoplatónica comenzada por Simplicio. Al mismo tiempo un número de obras filosóficas anónimas, escritas en su mayor parte bajo la influencia de la escuela de Proclo, algunas de las cuales fueron adscritas a Aristóteles, comenzaron a ser conocidas en la Europa cristiana, y no dejaron de influir en la escolástica. Asimismo, obras como “Fons Vitae” de Avicebrón, que fueron conocidas como de origen judío o árabe, fueron neoplatónicas, y contribuyeron a determinar la doctrina de los escolásticos. Por ejemplo la doctrina de Escoto de la materia primo-prima es reconocida por el mismo Escoto como derivada de Avicebrón. No obstante todos estos hechos, la filosofía escolástica fue aristotélica en su espíritu y método; explícitamente rechazó varias de las interpretaciones neoplatónicas, tal como la unidad del Intelecto Agente. Por esta razón todos los críticos sin prejuicios concuerdan que es una exageración describir el conjunto de la escolástica meramente como un episodio en la historia del neoplatonismo. En época reciente este punto de vista exagerado ha sido defendido por M. Picavet en su "Esquisse d'une histoire comparée des philosophies médiévales" (Paris, 1907).

Los elementos neoplatónicos en el “Paradiso” de Dante han tenido origen en su interpretación de los escolásticos. No es sino hasta el surgir del humanismo en el siglo quince cuando las obras de Plotino y Proclo fueron traducidas y estudiadas con el celo que caracterizó a los platónicos del Renacimiento. Fue entonces cuando, los elementos teúrgicos o mágicos presentes en el neoplatonismo se hicieron populares. La misma tendencia se ha encontrado en “Eroici Furori” obra de Bruno, interpretando a Plotino en la dirección de un materialismo panteísta. El rechazo activo del materialismo por los platónicos de Cambridge en el siglo diecisiete, consiguió que reviviera el interés por los neoplatónicos. Un eco de esto se aprecia en la obra de Berkeley titulada “Siris”, la última fase de oposición al materialismo. Cualquier elemento neoplatónico que sea reconocido en trascendentalistas, como Schelling o Hegel, difícilmente puede citarse como sobreviviente de los principios filosóficos. Ellos son más bien influencias inspirativas como las que encontramos en poetas platónicos tales como Spencer y Séller.

Declive e influencia histórica posterior

El neoplatonismo, con Porfirio y Jámblico, luchó contra el cristianismo, y atribuyó cada vez más importancia a los procedimientos prácticos destinados a provocar el éxtasis. Influyó en la patrística cristiana (Pseudo Dionisio Areopagita, Agustín de Hipona) y también, a través de ella, en el pensamiento medieval y en la escolástica, hasta llegar al renacimiento (Marsilio Ficino, Giovanni Pico della Mirandola).

Comentario

Como hemos podido apreciar, la filosofía desarrollada por Plotino y que encuadra el pensamiento del neoplatonismo, basa su fundamento en la idea o creencia de la existencia de un ser supremo que lo denominó “UNO”, como principio activo y causa de todo cuanto existe, es decir, se creía en la existencia de un ser superior creador del universo, con la diferencia del cristianismo que en este caso la creación se hace por emanación, es decir, por un proceso decantativo que hace de lo bueno malo y lo malo se hace materia, es decir, creación.

En masonería, nos une el criterio y convicción de la existencia de un ser, hecho supremo o principio creador de todo lo existente, conocido por nosotros como el G:. A:. D:. U:., que para cada hermano representa su propia concepción y creencia de la forma de la creación: divina o evolucionista, etc.

Otro punto relevante de la filosofía neoplatónica es esa creencia de que el hombre, para recuperar su alma, debe cursar un proceso de superación y mejoramiento personal, íntimo, que lo lleve a alcanzar la felicidad y el éxtasis, bajo la concepción neoplatónica.

Con las diferencias del caso, en nuestra institución buscamos esa perfección personal, esa superación que permita que cada uno de nosotros logremos construir nuestro templo interno y pulamos y devastemos la piedra bruta hasta alcanzar el más alto nivel de perfección que podamos en beneficio personal, familiar y de nuestros hermanos e institución.   

Pedro Castro Falconí
C:. M:.

 

Dirección: San Salvador E7-197 y La Pradera * Telfs: +593 2 2561 579 / +593 9 9765 6707 * e-mail: nuevaamerica@masoneriaecuatoriana.info

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